27 enero 2009

El dios de la guerra.

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Arte et Marte es una frase latina que viene a decir "Con el arte y con Marte", ese hijo de Júpiter y Juno que representado con armadura era el dios de la guerra, originalmente dios de la fecundidad. Y eso es cierto por que si bien en mi época boxística no hice nada de provecho, sí fue mi época más espiritual.

Ayer estuve enviando mi último guión a una lista de productoras que facilitaba Abc guionistas. Y es que me he pasado la vida así, como rascapuertas. Cuando era músico rascaba puertas de clubs con música en vivo, clubs privados o puticlubs. He rascado puertas de discográficas con discos en los que desafinaba. Camarotes en barcos turísticos repletos de ingleses borrachos. Camerinos de famosillos llevando una cámara al hombro. Habitaciones de novios separados horas después de la boda con una cámara de fotos en la mano sin saber si tenía que fotografiarles, o tirar el carrete o que. Puertas de papel. De hierro, de madera e incluso de aire. Si. Rozando los cuarenta sigo rascando puertas y ahí es cuando uno recurre a lo que aprendió boxeando. Encoges la cabeza. Subes los hombros y proteges tu cara con los puños con los codos pegados a ti evitando que tu costado sea vulnerable. Y así avanzas buscando un hueco en la defensa contraria para golpear sin rencores. Desapasionadamente. «Sport» , que le llaman.

Y es que el boxeo es un ejercicio amable en comparación con todo lo demás. En el ring todo se atiene a un cuadrilátero y a llevarte por delante a quien tengas idem. Lo demás es confuso. Vago. Impreciso. Y encima si te da por la cosa creativa con quien te peleas es contigo en primera persona, y ahí es cuando un directo en la mandíbula duele de verdad por que no hay quien esquive eso. Leí en no se que novela que hay dos tipos de hombres : Los que pelean y los que no, y siempre he simpatizado con los primeros. Sin rencores. Desapasionadamente. «Sport» , que le llaman.