19 diciembre 2008

nuez

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Dos días cargados de promesas y sin apenas tiempo de escribir. Ayer estuve caminando por el barrio viejo de Cáceres para hacer tiempo y tuve ocasión de maravillarme y fumar con mi pipa más vieja, que traje por si acaso. Observé con cautela a mi alrededor. Hay pozos que guardan historias que uno recrea con solo asomarse en su espejo redondo. Como recién llegado intento aprender los ritmos de esta tierra y su gente. Me senté en la plaza, saqué un par de nueces de mi bolsillo y las tomé con un café muy fuerte mientras pensaba en mi nuevo guión. Aún no he recibido respuesta de Karma, el triller que escribí mientras trabajaba siendo en número 1928 de una multinacional a base de comer bocadillos al mediodía; pero aunque falte motor a esta artroesclerótica industria del cine patrio, uno no puede parar de escribir. Los personajes es que le llegan a uno y o salen, o revientan en el pecho como Alien en los tripulantes de la Nostromo. El guión tenía elementos de género. Se acabaron los experimentos y con 39 años ya me toca ir sin rodeos, al grano. Al personaje trifásico con doble de ron+ y el argumento recto como una trayectoria de bala. Un contacto. Un nuevo guión. Una semilla, y muchas esperanzas en el nuevo año.