02 diciembre 2008

Objeto nº 1 : Bicicleta

bici.awhbLEkEXIF8.jpg

En 1690, un francés, el Conde Mede de Sivrac inventó “el celífero”. El vehículo no tenía manillar; el asiento era una almohadilla en el bastidor y se propulsaba y dirigía impulsando los pies contra el suelo. Hay referencias antiguas halladas en jeroglíficos egipcios en los que se describe a un hombre montado sobre un aparato formado por dos ruedas unidas.

Con una bicicleta tuve mis primeras experiencias en cuanto a viajes a pesar de que jamás me alejaba más de cien metros de la casa de mis padres, un humilde pisito situado en el barrio obrero de Sants. Mi sueño era viajar con mi bicicleta muy lejos. Salir de la ciudad y alejarme de ella sin una dirección concreta y perderme en un mundo de aventuras. En mi proyección, las aventuras quedaban en un término vago e inconcluso, ya que mi imaginación se centraba en los preparativos que debía hacer en mi bicicleta sobre tamaño viaje. La cuestión era como reconvertirla de forma que estuviera preparada para todo imprevisto: Debía tener un hornillo transportable. Cuerda. Un depósito de agua y algún licor espirituoso ( sabía por las películas que uno se recuperaba de todo mal gracias a los licores espirituosos). Paraguas. Calzado de repuesto y finalmente un instrumento musical con el que ganarme la vida. No tengo ni idea como se me ocurrió que ese instrumento debía ser el bongó, pero para mi resultaba diáfanamente claro que podría ganarme la vida en Austria, por ejemplo, tocando el bongó.