14 enero 2009

Ficcionando


Una vez acabado Obon, lo guardé sin mostrarlo. No se si en esos momentos existían festivales para cortos, ni lo sabía entonces. Ya tenía las máquinas heredadas de Bloc Visual, la empresa que disolví, y había aprendido la mecánica de montar un vídeo de forma intuitiva. Curiosamente, no indagué sobre teoría del cine por que desconocía la existencia de una teoría para hacer cine o montar.

No fue hasta mucho después de rodar el primer largo, N@ufragos, que empecé a analizar a los grandes del cine. Existe una razón para ello :

En mi época musical, tendría diecinueve años cuando conocí en un taller a mi ídolo, el batería Max Roach. En ese taller privado me observó tocar. Era ya muy anciano, y avanzó hacia mi con una leve sonrisa y levantando un dedo me dijo lo siguiente: «Work with the heart» Aprendí entonces que al intentar corregir mis impulsos me había convertido en un músico demasiado técnico. Por eso, al seguir el camino del cine, decidí aprender caminando aún a riesgo de perderme.

Comencé a experimentar con la cámara con el objetivo de preparar un primer acercamiento a la ficción. Mi intención era escribir una historia sobre tres chicas inmigrantes que se buscan la vida como payaso y que teóricamente debían acabar en una furgoneta en la Patagonia. No se exactamente por que, así que no me lo pregunten.