16 febrero 2009

Sueños

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Mi sueño favorito es volar. En la última ocasión era de noche, sobre un bosque infinito y frondoso bosque mecido por el viento. Subía en dirección a la luna y esta crecía y crecía y luego al detenerme sentía las cosquillas de la ingravidez para luego lanzarme en picado haciendo suaves planeos sobre las ramas iluminadas por la luz de la luna.

Esta noche he tenido varios. Pero no he volado. Hace muchoque no lo hago y ¡cuanto lo hecho de menos!

En el primer sueño de esta noche «T», mi socio del documental de toros, me mandaba cuatro acordeones que tenía que probar. Yo tengo un acordeón diatónico verde muy sencillo, pero estos eran de una factura muy superior. Negro mate, con teclas grandes. Al tocar el mas pequeño descubrí que soplando en una válvula de nácar cambiaba el registro de la melodía. También habían dos paquetes pequeños identificados con la marca «ventolina». Eran sencillas bolsitas de poliestireno y descubrí que eran un instrumento nuevo inventado tal vez por mi socio. Descubrí en el interior de uno de los paquetes un plástico azul semitransparente que había que inflar como un flotador, adquiriendo una forma alargada con un embudo al final. En unas instrucciones fotocopiadas se indicaba que era un instrumento submarino y que había que soplarlo preferentemente bajo el mar. El mar era frío y me encontré tiritando sobre una placa de poliestireno a la deriva.

01:32 AM

Mi hijo mayor, como siempre, se había enrollado en el edredón, destapándome. Tenemos una cama inmensa con varios edredones, y seguimos la costumbre japonesa de dormir con los niños mientras son pequeños. Esto, al parecer, les da luego seguridad y ganas de independizarse pronto.Me tapé de nuevo.

En el siguiente sueño avanzaba junto a «A», mi esposa por una avenida al atardecer. La ciudad se parecía a Barcelona y Madrid en sus barrios decimonónicos. Un hombre altísimo, de dos metros y medio por lo menos, se tambaleaba borracho y abrazaba a «A» haciéndola caer. La liberé apartando al borracho y seguimos caminando, pero finalmente nos alcanzaba. Yo intentaba interponerme, pero no tenía tiempo de hacerlo y de nuevo, «A» era derribada y el extraño, que era un hombre mayor con la cara muy roja. Trataba de besarla. La zafé y el borracho me observó tendido en el suelo. Tenía el pelo blanco y parecía vencido y me abstuve de golpearle, pero cuando seguimos avenida abajo «A» me indicó que la iban a atrapar otra vez y que la defendiera a tiempo, pero yo sentía los miembros lentos y pesados. No puede evitar que «A» fuera al suelo de nuevo. Cuando llegué a su altura y liberé a «A» de su abrazo, el hombre me miró inexpresivo. Cogiéndole de la muñeca derecha para girarla en el sentido contrario a las agujas del reloj, le rompí el brazo sin demasiada violencia, indicándole que si se levantaba, le rompería la pierna. Cuando me alejaba, el hombre se sentó sujetándose el brazo y llorando como un niño haciendo que me sintiera culpable. Nos internamos en el parque y «A» se detuvo para poner su mano sobre mi rostro.

03:10 AM

Mi hijo mediano suele acabar con los pies en la almohada. Tenía un pie suyo en mi cuello y estaba completamente destapado. Lo coloqué bien a pesar de sus quejas y le tapé.

En el tercer sueño de la noche mi tía, que murió en un accidente estaba viva y tenía que ir a verla. Yo llevaba mi camiseta de tirantes y corría descalzo por la ciudad como un atleta profesional. Atravesaba plazas y barrios casi desiertos, como si fuese un domingo al amanecer. Llegué a la reunión de mi tía con ciertos abogados que habían instalado su despacho en un hermoso jardín. Al parecer, mi tía tenía que cobrar una herencia y había que calcular sus pertenencias en papeles cubiertos de números en lápiz rojo y azul. Yo tenía que hacer los cálculos pero no conseguía discernir el resultado de las cifras, así que dictaminé que se calculara todo según el peso si era sólido y el tamaño si era líquido. Los abogados asintieron, encantados ante una solución tan simple. Mi tía se marchó junto a «S», su ex-marido que bebía demasiado y la había golpeado en alguna ocasión. Le dije a «S» que se portara bien, que ahora que eran ricos ya tendría más posibilidades de cuidarla. Y que se quisieran. «S» me dio las gracias y se marchó junto a mi tía desapareciendo entre el tráfico.

04:00 AM

Mi hijo pequeño, a las cuatro de la madrugada, suele despertarse llorando amargamente. «A», medio dormida, abre su camisón para ofrecerle su leche.

En el último sueño de la noche tenía una cita en un gran edificio de oficinas. En el interior del recibidor había una extraña construcción hecha de plástico rojo y amarillo, como si fuera de juguete. Un letrero indicaba que era un estudio de sonido en el interior del cual había una cámara de vacío. Una advertencia luminosa indicaba que la cámara de vacío hacía peligrosas las fibras, con lo cual todo el mundo debía entrar desnudo y con la piel esterilizada. Esperé a que se encendiera la luz verde junto a otros individuos de mi edad aproximada. Me alejé de ellos un poco para observar a un pintor que trabajaba al fondo del recibidor. Llevaba una máquina azul similar a un aspirador, y con ella hacía bolas de un material que se adhería a las paredes similar a la escayola.

06:00 AM

Sonó el despertador. Después de un descanso tan «reparador«, me dispuse a escribir este post antes de iniciar la jornada de trabajo.