22 abril 2009

Concierto de primavera


"Y" ha convertido el teléfono de la ducha averiado en una pistola láser. Mientras trota a escasos metros de mi espalda gritando a 100 decibelios (aproximadamente lo que genera una perforadora eléctrica), "K" golpea con una pieza de dominó una caja de madera poseído por una fijación de tribu caníbal de películas de Tarzán. "T" muerde con sus cuatro únicos dientes un madero, pero como le crecen otros dos, lanza aullidos periódicos que se mezclan con los sonidos que emite el burro del vecino, que en primavera parece más excitado de lo normal.

Intento concentrarme en medio de este barullo y la única solución es poner la música alta y encender un secador eléctrico.