14 mayo 2009

Efímero


Por fin recupero el horario perdido y cumplo mis rutinas habituales. Consigo dedicar la madrugada a escribir un poco, lo que hace que el resto del día tenga la sensación del deber cumplido.

Gritos en el pasillo. El techo de bóveda de la antigua casa los amplifica. El grande se ha hecho una cerbatana con un bolígrafo bic, el mediano hace rodar una funda de DVDs silbando como una locomotora y el pequeño aúlla con su habitual entusiasmo matinal. No hay problema por que mientras dormían, como un cazador ya he dedicado a las palabras el tiempo de silencio de las horas que preceden a la madrugada. No necesito ya soledad y por eso puedo imitar el grito de guerra de T con idéntico entusiasmo animal.

Hacemos huellas de nuestras manos en el rocío de la ventana, yo, A y los tres pequeños y pienso en el tiempo, en que este es el único momento en que seremos como ahora y no se repetirá. Y luego desayunamos.