11 junio 2009

El fantasma de Madonna me persigue

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Hoy me toca ir a hacer recados a Cáceres. Es una pequeña ciudad preciosa, aunque tiene un detalle sorprendente: el chunda chunda que invade el ambiente que da acceso a la calle Mayor. Me pareció increíble que ¿en aras de la modernidad? a alguien se le ocurriera poner altavoces con hilo musical en la calle.

Estoy obligado entonces, cual reo de la Naranja Mecánica, a escuchar los cuarenta principales de principio a fin de la avenida e incluso en las terrazas de la calle mayor. Acariciaba la idea de tomar un café al sol, y unos churros, pero debería hacerlo escuchando a Madonna y no me gusta Madonna. Ni Mónica Naranjo. Ni Bebe, bueno. Bebe si. Pero no quiero tomar café en una terraza obligado a escuchar a Bebe. Así que espero la vuelta a mi pueblo cuya plaza mayor sigue en perfecto y ancestral silencio.

Y es que aquí existe una curiosa tendencia : hay muchas personas que quieren ser lo que no son. Entonces se ponen manos a la obra cambiando su alrededor para que este sea lo que no es. Quieren que Cáceres sea, por ejemplo, Shinjuku:

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Y entonces ocurre lo que ocurre: que el resultado no es ni lo uno ni lo otro, y cuando un turista llega a Cáceres y se encuentra el hilo musical en la calle lo primero que piensa es : ¿A que animal se le ha ocurrido poner hilo musical en la calle? ¡ Yo venía a ver una ciudad renacentista! Como decía el filósofo : Están locos estos romanos.

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