16 enero 2010

Editando



Fin de semana editando caminos. Cuando uno hace estos trabajos, combina el tragar polvo del camino con el respirar ocasionalmente grandes bocanadas de libertad.

Ese es lo que los chinos llamarían el Yin y el Yang. Esas dos fuerzas aparentemente opuestas y complementarias, que se encuentran en todas las cosas. En todo se sigue este patrón: luz/oscuridad, sonido/silencio, calor/frio, movimiento/quietud, vida/muerte, mente/cuerpo, masculino/femenino, etc. El Yin es el principio femenino, la tierra, la oscuridad, la pasividad y la absorción. El Yang es el principio masculino, el cielo, la luz, la actividad y la penetración.

El Yang es la acción. El polo opuesto de la sala de edición. Aquí no se me hielan los dedos o maldigo de madrugada en busca de una salida. Puedo tomar té y refrescarme sin temor a perder el camino antes del anochecer. Tampoco puedo sentarme a charlar con desconocidos o ver amaneceres en directo en esta tierra que duele, de bonita que es. Y es aquí, sentado sobre el Yin, donde uno reflexiona sobre estas cosas. Y es que cuando rige el Yang, no hay tiempo.