17 junio 2010

Los piratas y la música de ascensor



Tengo el dudoso honor de haber sido pirateado. Fiesta se emitió en TVE el pasado día 12 en su versión corta y ha tardado apenas unas horas en aparecer en la web para su descarga.

Aparentemente, el discurso de la libre circulación del conocimiento resulta agradable y positivo para los oídos. Pero Fiesta me costó tres años de trabajo. Ese trabajo no se paga, se va cubriendo poco a poco conforme se distribuye el documental. A veces los gastos nunca llegan a cubrirse. Es trabajo duro levantar una película. La gente que como yo, no recibe subvenciones, arriesga la vida haciendo películas. Literalmente.

Es como si después de pagar la hipoteca de tu casa después de años de esfuerzo y trabajo, te anuncian que la casa a partir de cierto momento será un parque, y quitan paredes y puertas. La sensación de que te pirateen un trabajo es extraña.

Vuelven recuerdos de cuando era músico. En algunos lugares, tocabas para nadie. Estabas allí, con el pianista y el contrabajo aislado en una sala donde la gente hablaba por los codos. Ruidosamente. Costaba tocar en esas condiciones por que no podíamos escuchar nuestra propia música. De vez en cuando una persona reía con histérica sonoridad. Nos miraba con mala intención. Éramos los bufones. Los esclavos obligados a acariciarles. Podías ver en la mirada vacía de ellos, letra a letra, que tus años de esfuerzo y estudio no eran más que una nota superficial a su charla, como la música de ascensor.