11 marzo 2011

Plano cenital



La ola bestial arrasa con todo a su paso en Sendai. El operador de cámara graba la situación, al igual que otros cientos subidos a sus helicópteros al servicio de TVs y agencias de noticias.

La imagen subyuga por su estricta brutalidad. Enseres, coches, casas, barcos, tierra, árboles, neveras, puertas,motos,camiones, postes, todo flotando junto, engullido y arrastrado por una fuerza imparable. Al fondo, una carretera y un vehículo blanco. Familiar. La ola se acerca al vehículo, que como una hormiguita, avanza aparentemente ajeno a lo que se avecina. ¿Estará acelerando su conductor? ¿Será consciente de lo que ocurre?

El cámara hace una panorámica hacia arriba a la derecha y enfoca un edificio colapsado por el tsunami. ¿Que pasa con el cochecito? ¿Por que enfoca un edificio colapsado?? ¡ Por el amor de Dios!!

Entonces comprendo el mecanismo que ocurre en el operador de cámara y el piloto del helicóptero. ¿Y un realizador? Suele ir un realizador. Arriba el helicóptero, y abajo el cochecito blanco, el caos y la muerte.

Sencillamente la tripulación de los que están arriba, piloto, operador y realizador; a pesar de tener quizá los cuatro o cinco minutos necesarios para rescatar y/o avisar al del coche, siguen trabajando sin detenerse. Su trabajo es más importante para ellos, y de ahí que ignoren la situación del cochecito blanco.

Y ahí es cuando me pregunto si Dios existe, y que si existe, tendrá la misma actitud que el operador de cámara del helicóptero.